Una etapa facil y no larga donde la única dificutad, la tubimos en la subida a Bejar.
Estubimos antes de subir el puerto cargando las baterias en un bar restaurante. Subido el puerto y pasado Bejar nuestra intención era seguir hasta el albergue de Aldeanueva del Camino, pero al pasar por el pueblo que se llama El Puerto de Bejar, vimos un letrero nuevo que ponía Albergue de Peregrinos. Fuimos hacia él que estaba a 25 m. y nos encontramos al hospitalero Timoteo sentado en la puerta. Nos recibió de una manera muy cordial y nos contó como habian contruido el Albergue. Eran unas antiguas escuelas que el Ayuntamiento había reformado y convertido en Albergue. Lo acababan de abrir al público hacia un mes. El Albergue era gratuito. Solo admitian la voluntad. Los hospitaleros Timoteo y su mujer Maite eran jubilados voluntarios para atender los albergues. Nos permitieron cocinar, ducharnos y aunque como en todos los albergues no se admiten perros, nos dejaron estar, incluso dormir con él; pero montamos en un terreno exterior, la tienda para que si venía algun inspector, pen
sase que el perro dormia afuera. Cenamos los cuatro juntos poniendo cada uno lo que teníamos, y pasamos una velada estupenda. Luego nos fuimos a nuestras literas a dormir.
Estubimos antes de subir el puerto cargando las baterias en un bar restaurante. Subido el puerto y pasado Bejar nuestra intención era seguir hasta el albergue de Aldeanueva del Camino, pero al pasar por el pueblo que se llama El Puerto de Bejar, vimos un letrero nuevo que ponía Albergue de Peregrinos. Fuimos hacia él que estaba a 25 m. y nos encontramos al hospitalero Timoteo sentado en la puerta. Nos recibió de una manera muy cordial y nos contó como habian contruido el Albergue. Eran unas antiguas escuelas que el Ayuntamiento había reformado y convertido en Albergue. Lo acababan de abrir al público hacia un mes. El Albergue era gratuito. Solo admitian la voluntad. Los hospitaleros Timoteo y su mujer Maite eran jubilados voluntarios para atender los albergues. Nos permitieron cocinar, ducharnos y aunque como en todos los albergues no se admiten perros, nos dejaron estar, incluso dormir con él; pero montamos en un terreno exterior, la tienda para que si venía algun inspector, pen
sase que el perro dormia afuera. Cenamos los cuatro juntos poniendo cada uno lo que teníamos, y pasamos una velada estupenda. Luego nos fuimos a nuestras literas a dormir.















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