viernes, 21 de junio de 2019

21° Etapa. Puerto de Bejar - Plasencia (67 km)

Nuestros primeros kms transcurrieron por una via verde preciosa aprovechando la via fèrrea que iba hasta Aldeanueva del Camino. Pasamos por túneles donde se encendian las luces según avanzabamos. Ver el Valle de Ambroz desde lo alto que pasa esta via es espectacular. La etapa fué tan fácil que llegamos a Plasencia sobre las 12,00 h.
Hicimos unas compras en estanco, farmacia, bazar chino y supermercado. Como teníamos que esperar a mi sobrina Cristina hasta bien tarde pues se encontraban en Jaraiz, nos fuimos a librarnos del alto calor del mediodía a las instalaciones montadas cerca del rio donde hay de todo. Allí comimos unos bocatas y otras cosas hasta que una vez que llegaron mis Sobrinos, me enviaron la ubicuación y fuimos a su casa. Vaya subidita. Desde el rio qje es la parte más baja de la Ciudad, hasta la parte más alta que es donde viven. Una vez allí guardamos nuestras bicis en su garage, pusimos las baterías a cargar y después de asignarnos nuestras dependencias para dormir, cenamos todos juntos en la terraza y estuvímos de velada hasta las 00,30 horas que nos fuimos a dormir.










20° Etapa. Cuatro Calzadas - Puerto de Bejar (68 km)

Una etapa facil y no larga donde la única dificutad, la tubimos en la subida a Bejar.
Estubimos antes de subir el puerto cargando las baterias en un bar restaurante. Subido el puerto y pasado Bejar nuestra intención era seguir hasta el albergue de Aldeanueva del Camino, pero al pasar por el pueblo que se llama El Puerto de Bejar, vimos un letrero nuevo que ponía Albergue de Peregrinos. Fuimos hacia él que estaba a 25 m. y nos encontramos al hospitalero Timoteo sentado en la puerta. Nos recibió de una manera muy cordial y nos contó como habian contruido el Albergue. Eran unas antiguas escuelas que el Ayuntamiento había reformado y convertido en Albergue. Lo acababan de abrir al público hacia un mes. El Albergue era gratuito. Solo admitian la voluntad. Los hospitaleros Timoteo y su mujer Maite eran jubilados voluntarios para atender los albergues. Nos permitieron cocinar, ducharnos y aunque como en todos los albergues no se admiten perros, nos dejaron estar, incluso dormir con él; pero montamos en un terreno exterior, la tienda para que si venía algun inspector, pen














sase que el perro dormia afuera. Cenamos los cuatro juntos poniendo cada uno lo que teníamos, y pasamos una velada estupenda. Luego nos fuimos a nuestras literas a dormir.